El periodismo del siglo XXI, según Jill Abramson

Tener éxito dentro del mundo periodístico no es fácil. Ser director de The New York Times (NYT) menos aún. Sin embargo, Jill Abramson puede presumir de ambas cosas. Se define a sí misma como “periodista de investigación que se dedica a escribir historias de largo aliento” y está en lo cierto. Su carrera se ha volcado en informar con precisión y entrega sobre sucesos como Snow Fall o casos de corrupción y espionaje tanto a nivel nacional como internacional: informes de Wikileaks, información de Edward Snowden sobre la NSA y hasta apropiación de fondos públicos en el politburó del Partido Comunista de China.

Quizás una de las cosas que más la distingan del resto, y de la cual más se puede aprender, es su involucración en la enseñanza, dando clase de Historia del Periodismo y Periodismo Narrativo, en la Universidad de Harvard. Todo ello le ha traído prestigio entre los profesionales de su gremio, que aprovechan cualquier conferencia suya para aprender y discutir sobre cómo ser mejor periodista. La importancia de la narrativa o los nuevos soportes para la difusión de noticias son algunos de los temas que más ha tratado en estas reuniones, una de las últimas en la Fundación Rafael del Pino de Madrid.

Optimismo frente a todo

Es cierto que parece que vivimos centrados en la información resumible en 140 caracteres o en las fotos de cachorritos, pero detrás de eso también hay una demanda creciente de artículos, entrevistas y reportajes de longitud. La gente está dispuesta a pagar por un buen trabajo. Por eso: “El periodismo de calidad sigue siendo el modelo de negocio del NYT”, explica Abramson.

Por otro lado, en esa labor por contar hechos de forma tan profunda, parece inevitable no implicarse. Así, señala que no es un pecado detestar o empatizar con un personaje o acontecimiento. “La objetividad en un periodista es entrar en la historia con la mente abierta sin una conclusión previa, pero la emoción no es enemiga de la objetividad”, añade.

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¿Y si los periódicos en papel desaparecen? Mientras todo el mundo se lleva las manos a la cabeza, Abramson parece no preocuparse demasiado al respecto. Según la ex directora de The New York Times: “Hay que superar ese debate del soporte impreso”. “Lo importante es seguir contando historias y contarlas bien, trabajar por convertirse en los mejores cuentacuentos”, añade. El canal que se utilice para cumplir con esa misión (sin negar las ventajas audiovisuales de Internet) puede quedar en un segundo lugar.

De ahí la importancia del contenido y no del continente. Para ella, cuidar ese contenido es lo fundamental y el camino para conseguirlo es promover el estudio de las Humanidades y la Literatura. Le preocupa que cada vez más personas decidan estudiar una carrera técnica sólo para ganar dinero: “La gente no va a la universidad por amor a aprender”. Y es que la dura realidad es que los jóvenes se endeudan cada vez más para ir a la universidad, esperando obtener rentabilidad de sus estudios a posteriori. Aunque aporta un rayo de luz, explicando cómo se puede sacar provecho a las carreras humanísticas y no técnicas: explotando el anhelo que tiene la gente por escuchar historias largas.

Los problemas globales

Veintisiete segundos después de que el The New York Times colgara en su web que existía corrupción dentro del politburó del Partido Comunista de China, el periódico dejó de ser accesible a los ciudadanos chinos. Desde 2012 el medio no se puede leer a través de Internet. Este caso, junto con las duras medidas de Obama a aquellos que revelan información del Estado, hicieron que Abramson comenzara a plantearse la censura como el enemigo del siglo XXI.

“En Internet tienes acceso a un público global pero, si te censuran, dejas de tener ese altavoz”, incidía. No debemos olvidar, que pese a que la Red da la oportunidad, por primera vez en la historia, de dirigirse a una audiencia enorme, sigue conteniendo los mismos problemas del soporte papel: la censura, los directivos o empresarios que meten dinero en el periódico…etc. Por eso es tan importante la independencia relativa de los medios, que se consigue a través de las suscripciones de los usuarios que pagan por obtener información de calidad.

En este sentido, indica que hacen falta más reporteros y corresponsales, y no despedir a tantos redactores en las oficinas. Muchos periodistas freelance se encuentran desprotegidos en países en guerra y, en otras capitales del mundo, ni si quiera hay corresponsales. Por eso ha concluido: “Cuando hablamos de problema de negocio, se trata de un problema de contenido ¿Va a sobrevivir el periodismo de calidad?”.

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